Desempolvando las telarañas

El logo de Lexicomancia. una letra lambda minúscula reflejada haciendo que parezca una especie de triángulo al que le falta el lado inferior y con un rombo inscrito.

Llevaba ya un tiempo con la idea de retomar esto, la verdad. El último post, con mis películas favoritas de 2022 es un buen indicador de que hace ya más de 3 años (no mucho más) que no escribía, y me daba un poco de pena que esto estuviera aquí cogiendo polvo. El caso es que, aunque tengo muchas ganas de retomar esto, tengo pocas ideas sobre qué escribir, por eso lo he estado demorando. ¿Quiero decir con este mensaje que ahora sí que tengo algún que otro tema sobre el que escribir? Ni mucho menos, pero sí que es cierto que si alguna vez hice algún amago de escribir sobre algo este se vio truncado al pensar que se vería raro un post, así de la nada, hablando sobre mis experiencias en la escena folclórica gallega, por ejemplo.

Ese es el principal motivo por el que estoy aquí, ahora mismo, escribiendo estas líneas: que no haya una resurrección espontánea de la nada. Además, me he pasado los últimos días poniendo a punto el sitio (actualizando unas cosas y arreglando otras) y me apetecía que ese esfuerzo no cayera en saco roto. Todo lo roto que puede estar el saco de alejarme un rato del Deadlock, mi nueva obsesión. Otra buena razón para estar escribiendo esto aquí y ahora es porque es lunes y no me apetece trabajar, y escribir en el blog siempre fue una de mis formas de procrastinación favoritas.

Sea como fuere, aquí estoy, 3 años y pico después, dispuesto a volver a hacer de escribir cosas (artículos, relatos… lo que surja, vaya) mi rutina. No quiero caer en la trampa de comprometerme a una frecuencia de posts, porque sé que la voy a romper a la primera de cambio, que uno lleva muchos años y muchos blogs a sus espaldas, pero desde luego sí que voy a intentar escribir algo de vez en cuando. A ver qué pasa.

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