#OrigiReto2019 – El motín de Eva

Feliz año nuevo. Como propósito de este año pienso escribir mucho más, para ayudarme a ello he decidido participar en la segunda edición del OrigiReto, el cual os voy a explicar enseguida.

El OrigiReto es un invento de las blogueras Katty (La pluma azul de Katty) y Stiby (Sólo un capítulo más). Consiste en marcarnos unos objetivos de escritura a lo largo del año, en concreto 24 escritos, 12 relatos y 12 microcuentos, repartidos en los 12 meses del año (vamos, a razón de relato y micro al mes). Cada uno teniendo que cumplir uno de los 24 objetivos que el propio reto propone. Por si fuera poco, estas chicas se lo han currado bastante y, para ayudarnos a salir de nuestra zona de confort, inspirarnos y apoyarnos entre los participantes (que por lo que tengo entendido somos un montón y hay otro montón en la lista de espera) han ideado un sistema de puntos en el que cosas como comentar, enlazar microcuentos con relatos de otros participantes y cosas así da puntos, en adición a los puntos que dan los propios escritos (puntos por escrito, por objetivos ocultos, medallas… bueno, un montón de cosas. En serio.) Quien os lo va a explicar mejor que yo son ellas mismas, en sus respectivos blogs, así que no dejéis de visitarlos, que además del reto pues tienen sus propios relatos y más retos y no sé, muchas cosas. O sea, todo lo contrario que yo, que soy un vago de m…

Sin más rollo, aquí tenéis el primer escrito de este primer mes, cumpliendo con el objetivo número 7: un relato que suceda fuera de La Tierra. Os presento…

El Motín de Eva

He de reconocer que me la colaron. Bueno, a casi todas. Nos engatusaron con promesas de prosperidad en un mundo mejor. Pero no engañaron a Anne. La verdad es que me sorprendió que aceptara la oferta. En el refugio todas nos metíamos con ella por frígida. No me siento orgullosa, pero los hechos son los que son, no tiene sentido ocultarlo. No sólo no le interesaban los hombres, tampoco las mujeres y eso era algo que nos costaba entender. Por eso nos miramos unas a otras con incredulidad cuando fue la primera en aceptar casarse con un colono en Marte. Claro, que lo que supusimos era que la oferta era tan buena que hasta ella era incapaz de rechazarla. Qué tontas éramos, cuando lo recuerdo aún me avergüenzo de mí misma.
El caso es que allí que fuimos. Todas nos presentamos voluntarias, pero sólo 30 tuvimos la suerte de ser seleccionadas. Nos contaron que estaban eligiendo a las más saludables, que el viaje al planeta vecino era duro y que estar fuerte era indispensable, pero incluso las más inocentes nos dimos cuenta de que estaban eligiendo a las más guapas. La prueba de ello era la misma Anne. Nadie dudaba ni por asomo de su fortaleza, pero no era la más agraciada. Su padre le pegaba, historia habitual en el Refugio Para Jóvenes de Nuestra Señora del Socorro, pero a ella mucho más. Verdaderas palizas… y cosas mucho peores. Tenía la cara llena de cicatrices, un hombro más alto que otro por culpa de una dislocación mal curada y alguna que otra cosilla que casi consigue que la rechacen. Si me paro a pensarlo me da miedo, no sé dónde estaríamos ahorasi no llega a haber venido con nosotras.

La nave salió ese mismo invierno, lo recuerdo bien porque me sorprendió que hiciera tan poco frío. Supongo que cada vez hace menos frío en la tierra. Las más afortunadas teníamos la sensación de estar yendo de campamento o algo parecido. Notábamos el mismo hormigueo en el estómago, mezcla de muchas cosas. La única que no parecía tener la cabeza en las nubes era, como ya podéis imaginar, la misma Anne. Pero el resto estábamos dejando volar nuestra imaginación sin pudor. Fantaseábamos con hombres guapos y fornidos esperándonos al otro lado. Fantaseábamos con escapar de los problemas que todas teníamos en nuestro día a día. Fantaseábamos con una vida de oportunidades, como los anuncios de las paradas de autobús prometían. Fantaseábamos con esos hermosos atardeceres entre las dunas, imágenes sacadas de esos mismos anuncios… En definitiva, fantaseábamos con un futuro prometedor. Pero pronto nos dimos cuenta de que todo eso no era más que eso: fantasías.
En cuanto la lanzadera despegó, la tripulación no tardó en apagar nuestras ilusiones de un plumazo. Lo que pensábamos que iba a ser un emocionante viaje donde alimentar nuestras esperanzas resultó ser un infierno. Nada más salir del campo gravitacional de La Tierra nuestro rol en la nave pasó a ser más el de prisioneras que el de pasajeras. Nos repartieron en minúsculos camarotes, por llamarlo de alguna manera, con una triste cama en su interior. Apenas podíamos salir de él, excepto para realizar nuestras tareas. Sí, tareas. También nos asignaron tareas. Alguno podría pensar que estoy hablando desde el punto de vista de una indisciplinada chica callejera. Que dichas tareas no eran para tanto y que es normal que cada una tuviéramos que cumplir con nuestra parte, pero os aseguro que no era así en absoluto. Nos tirábamos todo el día haciendo las tareas más duras y menos satisfactorias que pudieran encontrar. Cuando no estábamos trabajando estábamos tan cansadas que apenas hacíamos algo que no fuera dormir. Aunque tampoco es que hubiera mucho más que hacer. No es que nos prohibieran salir del camarote. Pero sí que se mostraban hostiles cuando intentábamos utilizar alguna de las facilidades de la nave. ¡Ni siquiera nos querían en la cantina! Nos daban la comida justa para aguantar otro día de trabajo y la mayoría optábamos por tomarnosla en nuestro camarote por evitar problemas. Los que nos nos miraban con desprecio o soltaban algún comentario hiriente, nos miraban con lascivia y soltaban improperios. Era todo muy desagradable. Muchas veíamos que los siete meses que duraba el viaje a Marte no iban a acabar.
Lo peor era ducharse. Cuando nos tocaba siempre había alguien por ahí, con alguna excusa tonta para ver si podía alegrarse la vista o incluso manosear un poco. Aún a día de hoy me tiro horas frotándome bajo el agua para librarme de ese recuerdo. Pero como si de una representación del yin-yang se tratase, las duchas tenían parte buena. El mejor momento del día era cuando nos tocaba limpiarlas. Eran la asignación que contaba con más chicas al mismo tiempo. Aprovechábamos para ofrecernos apoyo. Limpiar las duchas en compañía le salvó la vida a más de una… qué demonios. ¡Nos salvó a todas!
Uno de los temas de conversación favoritos en las duchas era el de mantenerse positivas porque en unos meses llegaríamos y todo se acabaría. Los primeros días esa idea nos mantenía enteras, pero fue en las mismas duchas donde abrimos los ojos, o mejor dicho, donde Anne nos los abrió.
—No seais tontas, esto no es nada comparado con lo que será una vez os caséis con a saber qué asqueroso pederasta dispuesto a gastarse un dineral por conseguir una esclava a la que violar a placer. ¿Pensáis que estos imbéciles son unos babosos? Pues pensad que lo poco que nos respetan se debe a que no piensan que seamos de su propiedad, sino de la de un granjero rico a millones de aquí. Imaginad qué no dejará de hacer aquel que sí pensará que lo sois.
Absolutamente todas las chicas de la nave temíamos esa posibilidad. Anhelábamos que no fuera cierto, por eso no queríámos reconocerlo, pero cuando Anne lo dijo en voz alta no pudimos evitar aceptar la realidad.
—¿Creeis que yo he venido aquí buscando a un caballero blanco de cuento de hadas? En absoluto. Ningún hombre va a salvaros. Tenéis que salvaros vosotras mismas. Yo al menos tengo pensado intentarlo, pero no puedo hacerlo sola. Necesitaré vuestra ayuda.
La verdad es que su discurso hizo mella. Es cierto. Fueron hombres lo que hicieron nuestra vida imposible en La Tierra. Eran hombres los que estaban haciendo nuestra vida imposible en la nave. Era absurdo pensar que los hombres de Marte iban a ser diferentes. En seguida nos pusimos a sus órdenes sin rechistar. La primera etapa del plan era sencillo: propagar el mensaje. Utilizaríamos los turnos de las duchas. Ráramente se repetía turno con las mismas chicas así que cada una podría decírselo a dos o tres nuevas chicas. Aún contando con que algún día podría coincidir que ninguna en el turno fuera consciente del plan, el mensaje se expandió con velocidad. Era lo que todas necesitábamos, así fueron los inicios del Motín de Eva.

Si leyerais alguno de los periódicos de la época. O si vierais alguno de los programas de noticias que se hicieron eco, pensaríais que fue mucho más difícil de lo que en realidad fue. Ya por aquel entonces a la prensa le encantaba exagerar las cosas, hacerlas más llamativas. Cualquier cosa para vender más, supongo. A veces dudo si alguna vez no fue así. La realidad es que fue mucho más fácil de lo que hubiéramos imaginado. Ninguno de los tripulantes de la nave nos consideraba una amenaza, eso hubiese sido un halago. Para ellos no éramos más que unas ignorantes e indefensas niñas. La verdad es que no estaban muy equivocados, pero no porque no tuvieramos todo lo necesario para hacernos valer por nosotras mismas, era porque hasta entonces nadie nos hizo creer otra cosa. Pero no contaban con Anne.
Anne podía ser muchas cosas, pero nunca fue indefensa. Era más fuerte cualquier hombre que yo haya conocido nunca, y mucho más resistente. Había estado desde el minuto uno a bordo del transbordador estudiando a la tripulación, sus rutinas, sus defectos. Para cuando todas las chicas éramos conscientes del motín ella ya tenía todo calculado. Teníamos superioridad numérica, y contábamos con el factor sorpresa, dos ventajas de las que pensábamos aprovecharnos. Atacamos todas a la vez, utilizando como armas las herramientas y utensilios que estábamos utilizando para nuestras tareas. Cuchillos de la cocina, escobas, fregonas… incluso productos de limpieza. Los primeros ataques fueron certeros, queríamos reducir al mayor número posible para que se rindieran cuanto antes. Fue un éxito. Con casi la mitad de los hombres inconscientes o heridos el resto no ofrecieron resistencia. Los encerramos, con mucha satisfacción por nuestra parte, en los camarotes en los que habíamos estado viviendo hasta ahora. Sólo quedaba de la parte más delicada, la cabina de control. Era también la parte más difícil, una contra tres. Además tenía que dejar al menos a uno de ellos consciente, no podíamos dejar la nave sin control, podía pasar cualquier cosa. Pero hasta eso lo tenía pensado.
Se armó con un extintor que había junto a la compuerta y esperó pacientemente. No le quedaba otra, por seguridad sólo podía abrirse desde dentro, así se aseguraban de que siempre hubiera alguien a los mandos. En cuanto empezó el ataque Anne pudo sentir como crecía la preocupación de los ocupantes de la cabina, no pasó mucho tiempo cuando uno de ellos salió con la intención de enterarse de qué estaba pasando, pero con lo que se encontró es con una masa roja de metal estrellándose en su cabeza. Nuestra líder aprovechó que la puerta estaba abierta para descargar el extintor en su interior y utilizar las confusión y los segundos de desconciertos provocados por el humo blanquecino para colarse dentro y estampar otro golpe en la cabeza del comandante. Si cierro los ojos puedo imaginarme la sonrisa de Anne cuando el polvo del extintor se posó en el suelo permitiendo al joven copiloto comprender el lío en el que se encontraba.
A partir de ahí todo fue coser y cantar. Con los hombres fuera de nuestro camino nos hicimos paso hasta la armería, donde guardaban unos cuantos rifles para el supuesto caso de que nos encontrásemos piratas por el camino. Si hubiesen sido listos hubiera habido al menos unos cuantos hombres armados en todo momento, ¿pero quién iba a pensar que unas cuantas chavalas iban a hacerse con el control de la nave? Nosotras no íbamos a caer en ese error y en seguida organizamos turnos para vigilar a los presos, así como les asignamos turnos para pilotar y realizar tareas de mantenimiento de la nave, cosas para las que nosotras, unas chicas callejeras, sin estudios y sin cultura, no estábamos preparadas.

Llegamos a la colonia sin incidentes, estábamos tan bien organizadas que los hombres ni siquiera vieron la oportunidad de intentar recuperar la nave. Fue muy gracioso cuando aterrizamos y pudimos ver la caras de confusión entre los hombres que esperaban a la recepción cuando nos vieron salir armadas hasta los dientes. No les dimos tiempo a reaccionar, les forzamos a entrar en la nave a punta de rifle y les hicimos salir del planeta con lo puesto, al fin y al cabo ellos no tuvieron problemas en traernos con lo puesto, ¿no?
No teníamos ni idea, en tiempos del refugio, que Anne estaba tan obsesionada con Marte. Sabía perfectamente cómo funcionaban las cosas aquí. La ley del más fuerte. Nadie iba a mover un dedo por esos colonos una vez que los echamos. Sin sus pertenencias no eran nada, pobres como ratas en una galaxia donde sólo importas si tienes dinero. Marte aún estaba en las primeras fases de colonización. No había leyes, más bien normas de convivencia dentro de los asentamientos. Y esta colonia era nuestra. Hicimos nuestras normas. Se acabó el estar a la sombra de los hombres. Así nació Sorority, la primera ciudad de mujeres libres de Marte.

Objetivo: #7
Palabras usadas: 1983 [Milpalabrista]
Objetos Ocultos: #8 (Extintor), #16 (Persona asexual)
Medallero:
- La protagonista (Anne) no se ajusta a los canones de belleza [Interesante]
- Protagonista femenina. [Feminista]
La imagen de cabecera es una fotografía hecha por origami-madness bajo licencia de Creative Commons (CC BY-NC 2.0).
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