Wade, Vanessa y Take on me – ESA escena de DP2

Deadpool es un personaje que, a día de hoy, no necesita presentación. Gamberro, descarado y con muy poco respeto por nada. Incapaz de tomarse algo en serio o de mantener la boca cerrada más de cinco segundos, aunque sea para tragar saliva. Las películas, cualquiera de las dos, no son más que una continua exhibición de bromas ácidas, mordaces, no especialmente elaboradas y no exentas de un tanto de mal gusto. Esto es así. Negarlo ahora sería un ejercicio de autocondescendencia y obstinación un tanto evidente. Debemos ser capaces de decirlo, y con la cabeza bien alta: Deadpool es un mamarracho.

No vengo aquí a discutir eso. Creo que es algo que está más que claro. Tampoco me interesa ahora mismo abrir el eterno debate sobre los límites del humor, o hablar sobre si deberíamos o no sentirnos  culpables por según qué broma fuera de lugar. En absoluto. Ese tema podemos dejarlo para cualquier otro momento, seguro que oportunidades no faltan. Escribo este artículo para apuntar en otra dirección, algo me parece un punto muy a favor de la película [Deadpool 2] y sobre el que me apetecía reflexionar. Pero antes de entrar al trapo dejadme insistir, una vez más, en el contexto en el que nos estamos moviendo: Deadpool 2 es una película que nos deleita con un despilfarro de humor soez, vulgar e insolente. Algo que, y esto es bastante importante, ya hacía su precuela.

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“Seguro que tienes rabo”. Un gran ejemplo de chiste fácil, grosero y ofensivo todo en uno.

Es importante porque a estas alturas todo el mundo que la ha visto sabía a lo que venía. Vamos, que la primera parte a lo mejor pilló a alguien despistado, pero esta segunda parte no debería haber sorprendido a nadie. Puede que haya habido alguien, pero está claro que no son mayoría y, para lo que vengo a contar, ni siquiera son relevantes. La asunción aquí es clara, ya no por mi parte a la hora de escribir esto, sino por parte de la productora al producir, valga la redundancia,  la cinta. Partiendo de esa base, considero que hay que tener mucho valor coger y, de repente, cambiar el tono de lo que viene siendo la película y arrojarnos a la cara, a modo de jarrón de agua fría, una escena “de llorar”. Esa escena contrasta no sólo con lo que habíamos visto hasta ahora sino con todo lo que esperábamos ver cuando compramos la entrada.

Efectivamente, todos sabéis a qué escena me refiero. Por tercera vez Wade aparece en el salón de su casa, sin traje, sin cicatrices, sin chistes bobos, sin toneladas de sarcasmo y, en resumen, sin máscara. Por tercera vez Wade intenta atravesar el muro invisible que le impide estar con Vanessa, el amor de su vida, pero esta vez lo consigue. De fondo suenan unos acordes conocidos por todos de una versión de Take on me no tan reconocible, mucho más lenta y melódica. Todo es perfecto. Todo es muy emotivo. Wade no tiene asuntos pendientes, que ya puede cruzar al otro lado, estar con Ella. No me puedo creer que yo sea el único que se emocionase con esa escena. Lo digo de verdad. Sobrecogedora.

 

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“Bésame como si me echaras de menos”

Le escena en sí está bien, creo que consigue transmitir lo que creo que intentaba transmitir. No se le puede pedir más al cine. Podría describirse con esa palabra tan insulsa como popular que, pese a ser un adjetivo positivo, te deba bastante frío: la escena es correcta. Pero en este caso no le hace verdadera justicia. Creo que deberíamos ir un paso más allá y recordar que no estamos viendo El diario de Noah, esto no es Love Story. No hemos venido aquí a ver el trágico desenlace de una historia de amor. Esto es Deadpool, hemos venido a ver chistes de penes, exposiciones exageradas de violencia y muchos desmembramientos. Estoy bastante convencido de que muchos verán no sólo esta, sino todas las intervenciones con Vanessa, innecesarias y fuera de lugar. No son especialmente largas, la última un poco más, pero aún así no es a lo que venían y oye, razón no les falta, pero en mi opinión ese detalle sólo hace a dichas intervenciones mejores. ¿Qué puedes darle a un público el cual el descaro y la incorreción política no va a pillarles desprevenido? ¿Cómo puedes hacer que ellos sean objeto y no sólo sujeto de las bromas? ¿Qué puedes hacer para descolocar a alguien que viene esperando lo más bruto que puedas ofrecer? Una escena de llorar. Bueno y que enciendan las luces cuando el último título de créditos se desliza por la pantalla.

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